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A que el momento de la sepultura
o incineración se convierta también en un escenario privilegiado para los
que se quieren despedir del amigo o del familiar desde el sentimiento
humano sin que medie la experiencia religiosa, ni la fe cristiana.
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A que la celebración religiosa
sea despedida desde lo profundamente humano, pero sobre todo desde la
experiencia pascual de Cristo resucitado.
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A
celebrar con más serenidad el funeral y comenzar a elaborar el propio
duelo.
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A preparar con el sacerdote la
ceremonia y ayudar a situar al difunto en su contexto histórico y de fe.
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A estar
al final de la celebración con familiares y amigos sabiendo apreciar y
agradeciendo su presencia. De la otra manera se sale inmediatamente tras
el furgón de la funeraria dejando solos a quien venía a acompañar y sin la
posibilidad de mostrar su amistad y cariño.
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A poner
el día más adecuado para familiares y amigos que viven lejos.