funerales

Parroquia San Máximo de Lamiako
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El Consejo Pastoral Parroquia celebrado el 2 de diciembre de 2004, tras unos meses de reflexión y debate y después de haber transmitido estas propuesta a los fieles propone:

— Los funerales se celebran sin la presencia del cadáver o de las cenizas en el templo, como ya se viene haciendo en varios sectores de la Diócesis, lo cual ayuda en muchas ocasiones a significar mejor el sentido cristiano de la celebración y a favorecer el sentido comunitario de lo que se celebra. Se hará sin coronas ni flores.

— Los funerales se celebran a las 18:00 horas en la misa de la comunidad. Solo excepciones especiales pueden hacer variar la hora. Una de estas excepciones puede ser el miércoles de ceniza.

— El día de la celebración del funeral lo pone la familia. Pudiendo ser días después o antes de dar sepultura al ser querido. Esto ayuda a que el funeral se sitúe cuando más convenga a los familiares y especialmente a los que vienen de fuera o tienen que viajar.

— Los domingos, sábados, días de fiesta y vísperas no hay celebraciones de funeral.

— Si varias familias coinciden en el mismo día, el funeral se hará conjunta y comunitariamente en una sola celebración.

— El aviso de un fallecimiento lo hace la familia llamando a la parroquia (94 463 82 13) para quedar en el día de la celebración y en un encuentro para preparar el funeral.

La parroquia ofrece a las familias que lo deseen oraciones para que puedan rezar junto a su difunto, bien en casa, en el tanatorio o en el cementerio. Quien lo pida, y siempre que sea posible, la parroquia pondrá una persona para acompañar en esos momentos de duelo y poder despedirse, los familiares y amigos creyentes del difunto, orando al Dios de la Vida.

Sugerencias

Se sugiere que el funeral se celebre después de dar sepultura o incinerar al ser querido. Esto ayuda:

A que el momento de la sepultura o incineración se convierta también en un escenario privilegiado para los que se quieren despedir del amigo o del familiar desde el sentimiento humano sin que medie la experiencia religiosa, ni la fe cristiana.

A que la celebración religiosa sea despedida desde lo profundamente humano, pero sobre todo desde la experiencia pascual de Cristo resucitado.

A celebrar con más serenidad el funeral y comenzar a elaborar el propio duelo.

A preparar con el sacerdote la ceremonia y ayudar a situar al difunto en su contexto histórico y de fe.

A estar al final de la celebración con familiares y amigos sabiendo apreciar y agradeciendo su presencia. De la otra manera se sale inmediatamente tras el furgón de la funeraria dejando solos a quien venía a acompañar y sin la posibilidad de mostrar su amistad y cariño.

A poner el día más adecuado para familiares y amigos que viven lejos.