A principio del siglo
XX la barriada de Lamiako tiene un crecimiento importante por lo que el
párroco de San Juan Zoilo Aguirre y el alcalde Pantaleón Aresti crean una
comisión para el aprovisionamiento de recursos económicos y poder llevar a
cabo el proyecto de una iglesia. Así en 1907 y en terrenos cedidos por
Enrique Aguirre Sobrinos, a la sazón sobrino de Máximo Aguirre, se construye
un templo que dependerá de San Juan Bautista de Lejona pero tendrá libros
bautismales y se podrán celebrar sacramentos. La advocación de San Máximo se
pone en recuerdo del tío de Enrique Aguirre, Máximo Aguirre, que había sido
el genio creador del saneamiento de las marismas de Lamiako.

La obra de la capilla
de Lamiako fue obra del arquitecto municipal Marcelino de Arrupe y fue
ejecutada en las inmediaciones de las escuelas públicas. Su tardanza en la
ejecución se debió a la necesidad de cimentar adecuadamente el edificio ya
que se construía sobre una marisma.
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La capilla fue
bendecida y abierta al culto el 13 de julio de 1907 con una gran fiesta.
Fueron invitados los bienhechores y autoridades y dicen las crónicas
forales: "obsequiándoles después de la función religiosa con un refresco
o lunch cuyo coste habría de pagarse con cargo al presupuesto municipal,
debiendo contratrase una banda de música y tamborileros para que amenicen la
festividad de aquel día, y adquirirse buena cantidad de cohetes para
solemnizarla".
Ese día Bernardo Iza y
Alday tomó posesión del cargo de coadjutor o capellán de la capilla de San
Máximo de Lamiako.
En 1935 la capilla fue elevada al rango
de parrqouia, siendo su
primer párroco Valentín Montejo y en 1946, la iglesia sufre una profunda
reforma llevada a cabo por el párroco Clemente Beltrtán de Heredia y siendo
el proyecto del arquitecto Amann. Al mismo tiempo se realizan las obras de
la casa cural y la obra social del cine. En torno a esos años se hizo una
capilla dedicada a un hijo de Earle que murió en un barco bombardeado por
las tropas de los aliados en la segunda guerra mundial.
Desde esta fecha, con pequeñas
variaciones es como nosotros conocemos todo el complejo religioso y social
de San Máximo de Lamiako.
Con las obras y puesta en funcionamiento
el metro, la parroquia ha quedado fuera del casco urbano del barrio. Por
eso, es empeño de los fieles, del Consejo Pastoral Parroquial y del propio
obispado construir otro templo más cercano a la vida del barrio.
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