La acogida, con la escucha y la identificación de las necesidades
de quien acude, lleva a la identificación y diagnóstico de la situación de la persona.
Desde esta situación se acompaña a
la persona, poniéndose al servicio de sus sentimientos y de sus necesidades, para que con
la mayor objetividad posible, se le puedan ofrecer las condiciones de posibilidad que
anulen las causas de su precariedad y se convierta en un ciudadano que participa con
normalidad de la vida social, económica y cultural del entorno.
También hay programas que
se hacen con otras parroquias y entre estas y cáritas diocesana se articula el tejido
solidario y fraterno de nuestra Iglesia.